ANEXO I. Panteísmo: la búsqueda constante de equilibrio
Como apunté en el comienzo de esta empresa sobre Heráclito, es posible hallar correspondencia entre la cosmovisión heraclítea y el panteísmo (desde un punto de vista, bien siendo el segundo la doctrina filosófica surgida a raíz de la primera, bien complementando o justificando la primera al segundo). Expongo, a continuación, una explicación del panteísmo -tras recopilar información de diversas páginas webs (cf. Bibliografía)-, así como algunas interpretaciones personales de este, tratando de hacer entender dicho -según el DRAE- "sistema de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios". He de dejar claro, así, el carácter subjetivo de algunas de las opiniones vertidas.
"Entiendo a Dios como el principio vital que mueve el universo y que está en nuestro corazón y que nos rodea. No creo en el señor con barba y triángulo en la cabeza, no creo en un dios hecho a imagen y semejanza del hombre; creo en el equilibrio del universo, en el equilibrio en nuestro corazón y en nuestro cerebro. Creo que lo que llamamos "bien" es la búsqueda de ese equilibrio en la naturaleza, en el cosmos, en nuestro propio cuerpo; la enfermedad, las catástrofes, la angustia, el "mal" en definitiva, surge cuando desequilibramos la balanza, cuando interferimos en ese delicado y exquisito mecanismo que controla todo lo que hay dentro y lo que hay fuera."[1]
El panteísmo es una creencia o concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el Universo, la naturaleza y Dios son equivalentes. La palabra está compuesta del término griego πᾶν (pan), que significa todo, y θεός (theos), que significa Dios. Dios es, por tanto, el conjunto de todo cuanto existe, así como lo divino se halla presente en la totalidad de las cosas. Dios se concibe como la unidad del mundo, como una especie de principio orgánico de la naturaleza.
"El entero Universo es un entramado de vibrante energía; todas las cosas vivas y no vivas vibran, se entrelazan y comunican entre sí; todas integradas, todas pertenecientes al Todo y este, a su vez, integrando, participando, en cada uno de los átomos constituyentes del Universo. Cada uno pertenece al Todo, así como el Todo pertenece a cada uno."[2]
El panteísmo surge con un sentimiento definido como "divino" al apreciar la belleza, la grandeza y el misterio de la naturaleza universal, en una intención de alabar, exaltar y amar la vida y la naturaleza. En lugar de admirar la naturaleza como obra magnífica de un dios creador, se reverencia directamente la Naturaleza por su fuerza y su poder, por su belleza, por sus misterios y por su infinita grandeza, por su divinidad.
Del flujo constante de la materia/energía, de la interacción de cada partícula, elemento y molécula, espontáneamente surgen patrones y organizaciones (nebulosas y galaxias, estrellas y sistemas solares, planetas, atmósferas, continentes y mares, flores, plantas y todos los seres). Del conjunto interactivo siempre mutante de todo el orden y la belleza universal. En definitiva, la búsqueda constante del equilibrio.
"Yo no sé ustedes, pero yo, cuando estoy al aire libre en la naturaleza, en un bosque o en le mar, o delante de una montaña inmensa, escuchando a los animales, la vida a mi alrededor de tantas maneras diversas y el viento en mi rostro, me siento rodeada de algo tan sagrado como si estuviese en la más grande de las catedrales. [...] Ante la naturaleza, me siento humilde e intento comprenderla. Me sienta bien saber que vengo de ella y que a ella volveré cuando muera."[3]
Bibliografía
– Web
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«Dios
y el Universo»,
«Universo
creador y sorprendente»,
«Preguntas
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<http://panhuasca.org.br/spa/?lang=es
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[Recurso electrónico; edición digital en
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(2009):
Dios,
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[Recurso
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<http://lacomunidad.elpais.com/juanmaromo/2009/6/29/dios-equilibrio-del-cosmos>].
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Panteístas,
¿cómo
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[Recurso
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<http://www.elforro.com/religion-y-esoterismo/77692-panteistas-piensan.html>].
– [3]
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(2010):
Panteísmo,
¿es
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[Recurso
electrónico;
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digital
en
<http://es.paperblog.com/foros/1982/panteismo-es-una-filosofia-o-una-religion/page/last/>].
ANEXO II. Omnipresencia del equilibrio en la naturaleza
Tratar de hacer entender una cosmovisión general como la heraclítea no es tarea fácil -sobre todo si se percibe de forma axiomática-, pues la clarividencia de tal perspectiva depende en gran medida del punto de vista de cada uno, de las experiencias personales y de los esquemas mentales -en los que insertar de manera coherente dicha visión-. Así, muestro en lo que sigue diversos ejemplos que vislumbran la existencia de un equilibrio vital -armonía para Heráclito- fundado en un constante desequilibrio -cambio-, en lo que podríamos denominar el desequilibrio del equilibrio, a la par que el equilibrio del desequilibrio, si bien el gobierno del Logos apunta hacia una dominancia de esta última expresión (ambos términos pueden concebirse como opuestos en constante tensión). Pretendo, por tanto, una explicación inductiva que facilite la comprensión global del pensamiento del filósofo que nos centra, correlacionado también con el concepto de panteísmo descrito anteriormente.
El primer caso que traigo -concerniente al ámbito de la Ecología- es el ciclo depredador-presa, ejemplificado en las interrelaciones entre liebres y linces canadienses (primer modelo ecológico simulado a partir del estudio de Lotka y Volterra). Este sistema se basa en la fuerte dependencia de ambas especies, lo que produce consecuentemente una oscilación rítmica en el número de individuos de cada población. A grandes rasgos, el número de linces aumenta cuando abundan las liebres, provocando consecuentemente la disminución de presas, lo que a su vez lleva a la disminución de la población de linces (debido a la escasez de alimento); al haber menos depredadores, la población de liebres aumenta, lo que vuelve a llevar a una abundancia de presas para los linces, cerrando así un ciclo de cambios sucesivos (entre opuestos) que, en su conjunto, dan lugar a una armonía evidente y necesaria en la regulación natural de un ecosistema. Se trata, así, de un equilibrio dinámico, basado en la interacción activa y cíclica de estas dos especies. (Dichas fluctuaciones se presentan, asimismo, en lugares en los que las liebres no tienen depredadores, mas la oscilación cíclica equilibrada -y equilibrante- se produce entre las liebres y la vegetación de la que se alimentan.
En el campo de la Psicología también tiene cabida el concepto de equilibrio, en concreto si atendemos al desarrollo cognitivo según la teoría o el modelo constructivista de Piaget. Para el autor, el desarrollo cognitivo está regulado por el mecanismo de la "equilibración", donde podemos distinguir una vertiente estática ("organización") y una vertiente dinámica ("adaptación"); así, la evolución cognitiva basa su desarrollo en los cambios de estado de equilibrio -con el consecuente desequilibrio-, lo que conducirá normalmente a un nuevo estado más equilibrado (reestructuración cognitiva). De esta manera, el "conflicto cognitivo" que se produce (el cambio) supone alcanzar un equilibrio mayor -siempre que la adaptación sea satisfactoria, lo que me recuerda el fragmento de Heráclito: "La guerra [...] a unos muestra como dioses, a otros como hombres, a unos hace esclavos, a otros libres.", que en esta interpretación supone que la crisis, el cambio, bien puede originar una armonía mayor y mejor, o bien lo adverso-. En definitiva, y atendiendo al que Piaget denomina proceso de "equilibrio-desequilibrio-reequilibración", queda patente la presencia del cambio constante -como ocurre en Heráclito- basado este e impregnado de una armonía subiacente, que ejerce su gobierno a través de la equilibración en el proceso psicológico -cognitivo- de construcción de conocimiento.
Continuando la intención paradigmática, centro ahora la atención en la Geomorfología, pues resulta curiosa la ubicuidad del equilibrio incluso en los aspectos más concretos de la realidad -que, como suma de todos ellos, origina la armonía global, la unidad, de la que habla el efesio-. Vengo a mostrar el perfil de equilibrio de un río, como otro ejemplo más de los innumerables en esta empresa. Sin ánimo de profundizar en la complejidad que supone analizar en detalle el perfil longitudinal de un río, me quedo con las siguientes ideas básicas: un cauce fluvial discurre desde su nacimiento hasta su desembocadura dibujando un perfil -una línea- cuya forma ideal (su perfil de equilibrio) es una curva exponencial cóncava; esto es, el perfil de un río se desarrolla en función de una tendencia a la armonía -estado en el que no se producirían cambios como los resultantes de la erosión y la sedimentación, ni de los movimientos tectónicos-. Sin embargo, diversos motivos provocan cambios en el perfil y geometría del canal. El resultado es un proceso de reajuste dinámico del cauce a nuevas condiciones medioambientales, donde la inestabilidad -el cambio- es necesaria para la "regularización" de las pendientes en un complejo de, siempre, equilibrio dinámico.
El último ejemplo que hago patente en este anejo corresponde al marco de la Química. Si atendemos a "lo más pequeño", podremos comprobar que las interacciones entre átomos tienden asimismo al equilibrio. Me refiero, en este sentido, al proceso químico denominado "enlace químico". Constituyendo esta un área tan compleja -y partiendo de mi falta de conocimiento en lo que respecta a dicha disciplina-, comiendo el paradigma recurriendo a la afirmación de Newton: "las partículas se atraen unas a otras por alguna fuerza"; "fuerza" que podría corresponderse al Logos heraclíteo. Los átomos se enlazan unos a otros a través de la compartición (enlace covalente) o la transferencia (enlace iónico) de electrones, determinando así la estructura de la materia; esas uniones provocan una mayor estabilidad (que se da cuando el número de electrones que poseen los átomos en su último nivel es igual a ocho, como ocurre con los gases nobles). Si nos fijamos, en concreto, en el enlace covalente entre un par de átomos -que podrían verse como opuestos-, los electrones que los componen son atraídos por los dos núcleos en una tensión que mantiene a ambos núcleos en una configuración de equilibrio relativamente fija, formando por tanto una unidad, basada esta en la relación de tensión entre los elementos contrarios y, como no podía ser de otro modo, en el cambio que supone la combinación de átomos para formar otras moléculas.
No sé si los ejemplos expuestos habrán servido para vislumbrar un concepto que inunda la vida y el cosmos en todos sus aspectos y niveles. Desde luego, forma parte de lo inefable, como la cosmovisión que nos transmite Heráclito. Es aquí donde estriba su grandeza, en la dilucidación de la divinidad tal y como la entendía él a través de una explicación de la realidad y de su funcionamiento con una obvia unidad comprehensiva -mostrando la "coherencia subyacente a todas las cosas", que vengo a denominar "equilibrio"-. Lo que me interesa con este anejo, en última instancia, es dejar clara la correspondencia entre el concepto de equilibrio que he desarrollado -o más bien ejemplificado- y la filosofía del autor que centra este trabajo, ya que ambas cosmovisiones me resultan claramente identificables y sustentables la una en la otra.
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